Padre
nuestro que ya estás en el cielo, en la morada de Dios, en compañía
de quienes partieron antes que tú, dale nuestro amor a Paco,
al abuelo Manolo, a nuestro abuelito Antonio, a nuestra abue María,
a nuestra abue Irene, a los tíos Jorge, Toño, Tite, Pita, Tere, Alberto,
Gordo, a Diki, a Dennis y a los amigos de todos ustedes y todos nosotros.
Padre
nuestro que ya estás en el cielo:
ten la tranquilidad de que aquí cuidamos a tu Chicharra; con ella anidaremos
la ternura que nos hace sentir tu recuerdo, repetiremos tus frases,
cantaremos tus canciones, nos cobijaremos con las caricias de tus fuertes
y dulces manos gordas, y sabremos cuánto nos faltas.
Padre
nuestro que ya estás en el cielo:
prudente nos fuiste anunciando tu partida, para que nos hiciéramos
a la idea. Pero ningún tiempo hubiera sido suficiente para acostumbrarnos
a estar sin ti. El espanto de perderte es inevitable.
Padre
nuestro que ya estás en el cielo: tu presencia fue intensa, y tu
ausencia es densa. Eres realmente importante en el corazón de quien
te conoció, por eso nos faltas a cada uno. Por eso eres el difunto de
todos.
Padre
nuestro que ya estás en el cielo:
Hay quienes le quitan su valor a la vida, y hay quienes le agregan
vida a la vida, quienes le dan más valor. Ayúdanos a vivir como
tú, defendiendo con bravura la sonrisa hasta el final, sin ceder ni
un ápice en tu señorío.
Padre
nuestro que ya estás en el cielo:
igual que en esta vida, sigue queriéndonos.

aliciagarfias@comunicana.com