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Anécdotas |
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Cuando era niño, digamos a los 6 años, una noche me desperté llorando de miedo. No sé si mi padre me llamó junto a su cama, si mi madre me llevó ahí, o si fui yo solo. Pero recuerdo que mi padre, ese hombrazo duro, estricto, tan seveto conmigo, me ofreció su brazo para que me durmiera sobre él. No podía creerlo! Me acosté seguro, tranquilo, y me quedé dormido sobre su fuerza hecha ternura. Varias veces regresé a su cama y siempre me recibió igual. Él se movía mucho al dormir, pero cuando yo estaba acostado sobre su brazo, su torbellino no me tocaba. Movía las piernas, el otro barzo, giraba para quedar boca arriba, regresaba sobre su costado, pero su brazo izquierdo defendía esa paz en la que yo dormía. No sé si regresaba a su cama por el miedo, o por sentirme cuidado y querido. Así pasé unos dos años, en los que fui no sé cuántas veces, entre cinco y diez. Era un pacto nuestro: él dejaba de ser duro, exigente, severo, y convertía su fuerza en cariño. Y yo ansiaba ese cariño. ¿Qué le daba yo a cambio? Creo que nada, pero de todos modos él jamás me negó su brazo, su protección segura contra los mounstruos voladores de lo oscuro, ni la fuerza de su cariño. Ese es el concepto de paternidad que me legó.
Tres amigos fueron a pasar lo que pensaban serían unas cortas vacaciones a Acapulco, entonces playa de salvaje encanto: Paco Alcalde, Manuel Arteche, el "Chilpa", y Alfonso López-Collada, el "Pupis". La bohemia, las puestas de sol en Pie de la Cuesta, la amistad con Manuel Estrada "El Cuchi", las veleadas, la pesca y los vuelos por la bahía, todo era un sueño juvenil y ellos insaciables. Luego de un tiempo de estar en el puerto, y ya sin dinero, Paco y Pupis decidieron regresar a México. Al Chilpa le gustaba el lugar, y quiso quedarse un poco más. Pupis le escribió a su mamá, Doña María Márquez de López-Collada, un telegrama: "URGE MANDES DINERO PARA PODER REGRESAR PUNTO" Ella fue a la oficina de telégrafos, redactó su mensaje y lo entregó al operador. Extrañado pero obediente, el telegrafista cumplió enviando el breve texto que solicitaba Doña María. Su telegrama decía únicamente: "NO PUNTO" Paco Alcalde regresó a México a los pocos días, Alfonso "El Pupis" tardó un año más y Manuel Arteche se quedó treinta. Conservaron su amistad siempre, y se extendió a sus esposas, Della, Alicia y Miriam, quienes aún la conservan. |
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